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Del "hambre y sed de justicia" a los hashtags virales

  • Foto del escritor: Aicodi
    Aicodi
  • 5 sept
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 8 sept

El discurso de Colosio y su vigencia en la era digital


El 6 de marzo de 1994, Luis Donaldo Colosio pronunció un discurso que se convirtió en un hito de la retórica política mexicana. En su forma y en su fondo, aquel mensaje condensaba el dilema de un partido hegemónico que intentaba renovarse, el pulso de un país en crisis y la aspiración de un candidato que buscaba diferenciarse del régimen sin romper con él. A más de tres décadas de distancia, revisitar aquel discurso no es solo un ejercicio de memoria histórica, sino una oportunidad para entender qué elementos siguen vigentes y cómo su metodología de redacción podría adaptarse a la comunicación política contemporánea, dominada por las redes sociales y los formatos digitales.


El contexto de 1994: un país al borde del cambio


México vivía un momento de tensiones acumuladas: el levantamiento zapatista en Chiapas, la inestabilidad económica, la desconfianza hacia el sistema político y el desgaste del PRI tras décadas en el poder. En ese escenario, el discurso de Colosio tenía que cumplir con múltiples funciones: reconocer los problemas sin dinamitar al partido, proyectar un liderazgo renovador sin parecer rupturista y construir esperanza en un entorno de incertidumbre. La forma solemne, las anáforas insistentes y la cadencia mesurada respondían a la lógica de los grandes mítines de masas, donde el discurso era el acto central de comunicación política en América Latina y el mundo.


Forma y fondo: arquitectura retórica


El discurso se construyó con una estructura precisa:

Invocación dual -para la época-: “Compañeras y compañeros… compatriotas” ampliaba la audiencia del partido a la nación; Anáforas fundacionales: “Aquí está el PRI…” generaba cohesión y ritmo; Autocrítica balanceada: reconocer logros e insuficiencias al mismo tiempo; Antítesis programáticas: “Queremos cambio, no salto al vacío”; Metáforas bíblicas: “México tiene hambre y sed de justicia”; Mosaico social: “Yo veo un México…” nombraba sectores específicos; Contrato democrático verificable: compromisos claros en materia electoral y; Cierre performativo: ethos personal, acto de ambición y llamado a la victoria -call to action-.


En el fondo, Colosio hablaba de ruptura responsable: deslindarse de los vicios del régimen sin poner en riesgo la estabilidad. La fuerza estaba en el equilibrio entre realismo y esperanza, entre crítica y propuesta -tal vez, ahí, sin que fuera necesario, estuvo el problema que acabó con su vida-.


Lo que sigue vigente

Aun en 2025, varios elementos del discurso conservan plena vigencia:

La autocrítica como legitimidad: en tiempos de desconfianza hacia los políticos, admitir errores genera credibilidad; El mosaico social: nombrar a jóvenes, mujeres, campesinos o indígenas sigue siendo clave para que cada sector se sienta reconocido; La exigencia ética: la denuncia contra la corrupción y el influyentismo continúa siendo un clamor ciudadano; La narrativa del cambio con responsabilidad: hoy, como entonces, la gente busca transformación sin caos y; el contrato democrático: compromisos verificables (debates, transparencia, observadores) mantienen su fuerza en una era de fake news y polarización.


Lo que ha cambiado: del mitin a TikTok


El ecosistema comunicativo actual es radicalmente distinto:

En 1994, el discurso se diseñaba para plazas públicas y noticieros televisivos; hoy debe pensarse en clips de 30 a 90 segundos que circulen en redes; La solemnidad de antaño compite ahora con la inmediatez y autenticidad de los formatos digitales; La anáfora y la cadencia oratoria siguen vigentes, pero ahora deben traducirse en hashtags y frases virales (#HambreYSedDeJusticia); El mosaico social puede convertirse en hilos de Twitter/X o en cápsulas por sector en Instagram o TikTok y; el contrato democrático se traduce en transparencia digital: transmisión en vivo, rendición de cuentas en dashboards abiertos.


Cómo aplicar hoy la metodología “Colosio”


La estructura del discurso analizada puede adaptarse con criterios contemporáneos:

Apertura dual → Storytelling multiplataforma: invocar a la militancia y a la ciudadanía, pero hacerlo también en digital, con un primer tuit que hable al partido y otro que hable a la nación; Anáforas → Hashtags: “Aquí está…” se convierte en #AquiEstamos o #YoVeoUnMexico, diseñados para generar tendencia; Autocrítica → Transparencia en tiempo real: reconocer errores con videos breves o transmisiones en vivo; Antítesis → Contraste vía Memes y microvideos: “Cambio sí, caos no” puede traducirse en piezas visuales que contrasten; Mosaico social → Segmentación digital: mensajes dirigidos a jóvenes en Twitch, a mujeres en Instagram, a campesinos en radio comunitaria y WhatsApp; Contrato democrático → Datos abiertos: plataformas digitales que muestren avances, gastos y compromisos en dashboards y; Cierre performativo → Llamados virales -call to action-: frases cortas y poderosas para compartir en reels y TikToks.


El modelo en tiempos de redes


Si Colosio estuviera hoy, probablemente su frase “México tiene hambre y sed de justicia” sería un hashtag viral, acompañado de videos de ciudadanos contando sus historias. Su anáfora “Yo veo un México…” podría convertirse en una campaña colaborativa donde cada usuario complete la frase desde su experiencia.

El discurso de Colosio se basaba en una arquitectura de legitimidad, crítica y propuesta. Esa misma lógica puede hoy convertirse en un modelo de comunicación distribuida: en lugar de un solo orador en un mitin, miles de voces replicando y adaptando el mensaje en redes.


Cerrando ideas…

El discurso de Colosio es una pieza de oratoria política que logró equilibrar crítica, propuesta y esperanza en un momento de crisis. Su metodología de creación —invocación dual, autocrítica, antítesis, mosaico social, contrato democrático y cierre performativo— sigue siendo vigente y adaptable. Lo que ha cambiado es el canal: de las plazas públicas a los timelines digitales, de la cadencia oratoria a la viralidad en segundos.

La enseñanza actual es clara: un discurso eficaz no depende del tiempo ni del formato, sino de su capacidad para reconocer la realidad, ofrecer un horizonte de cambio y convocar a la acción colectiva. Colosio lo hizo en 1994 con metáforas bíblicas y anáforas solemnes que tocan fibras hasta el personaje más rudo de un país como México; hoy, el reto es hacerlo con hashtags, reels y transmisiones en vivo. Pero en esencia, el pueblo sigue teniendo hambre y sed de justicia.


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